Le veía, y creedme, corrí lo más rápido que pude, pero Edward avanzaba hacia la luz, para descubrirse ante el sol, para mostrar al mundo que era un vampiro.
No llegaría, no podía ir tan rápido, mis piernas no respondían a mis esfuerzos. Quería gritar, pero sabía que si eso ocurría empezaría a llorar, quieta donde hubiera empezado, y eso no serviria de nada. Seguí corriendo. quise augmentar mi ritmo pero fracasé cuando observaba como cada vez Edward se acercaba más hacia la luz del sol, hacia su muerte. Los Vulturis acabarían con él, y yo no querría ni podría seguir viviendo. El sol abrasador quemaba mi piel y la plaza parecía agrandarse a cada paso que daba. Edward iba a morir por mi estupidez. Amaba a Edward con todo mi corazón y creo que ese sentimiento logró hacer que corriera como nunca había corrido, pero eso no sirvió de nada. Casi podía tocarle cuando la luz rozó su piel, y esta centelló como si estuviera recubierta con diamantes.
-¡Edward!- grité desesperada- ¡Edward, no!
Él no abrió los ojos cuando todo le mundo fijó los suyos en él y su piel centelleante. Y dejó escapar en voz baja sus pensamientos:
-Si que debo tener alma al fin y al cabo, estoy en el cielo. Ya puedo oir su voz...
-Edward...-se me cortó la voz, los Vulturis ya estaban apareciendo por los costados de la plaza.
Corrí hacia su lado, hacia el lado de mi razón para vivir, y esta vez, también para morir.Le toqué la mano y él reaccionó a mi tacto cálido.
-Edward siento no haber llegado a tiempo- se me atragantó la voz imaginándome lo que le esperaba, lo que nos esperaba...- Soy yo, soy Bella. Y estoy viva, aquí, a tu lado. Deviste escucharme, no tendrías que haber salido a la luz...
Su rostro se corrompió en una serie de emociones que no logré comprender y, en medio de Volterra, en una plaza de la ciudad italiana, por un momento no me importó lo que me ocurriera, no si estaba a su lado. Rocé con mi mano el rostro de Edward, desdibujado por la pena, el horror y la angustia. Él me estrechó fuerte entre sus brazos y yo le apreté junto a mi con todas mis fuerzas.
-Te quiero, Bella- dijo con voz ahogada- Para siempre.
-Te quiero- le respondí hundiendo mi cara en su pecho, no había tiempo para disculpas, solo para lo que de verdad importaba- Para siempre y mucho más.
Y entonces, todo fue oscuridad. Lo último que escuché fue el grito de horror desgarrador de Alice, escondida entre las sombras. Lo último que noté fueron los colmillos de alguno de los Vulturis rasgando la piel de mi cuello. Y lo último que sentí, fue el abrazo y la eterna unión entre Edward y yo.
No llegaría, no podía ir tan rápido, mis piernas no respondían a mis esfuerzos. Quería gritar, pero sabía que si eso ocurría empezaría a llorar, quieta donde hubiera empezado, y eso no serviria de nada. Seguí corriendo. quise augmentar mi ritmo pero fracasé cuando observaba como cada vez Edward se acercaba más hacia la luz del sol, hacia su muerte. Los Vulturis acabarían con él, y yo no querría ni podría seguir viviendo. El sol abrasador quemaba mi piel y la plaza parecía agrandarse a cada paso que daba. Edward iba a morir por mi estupidez. Amaba a Edward con todo mi corazón y creo que ese sentimiento logró hacer que corriera como nunca había corrido, pero eso no sirvió de nada. Casi podía tocarle cuando la luz rozó su piel, y esta centelló como si estuviera recubierta con diamantes.
-¡Edward!- grité desesperada- ¡Edward, no!
Él no abrió los ojos cuando todo le mundo fijó los suyos en él y su piel centelleante. Y dejó escapar en voz baja sus pensamientos:
-Si que debo tener alma al fin y al cabo, estoy en el cielo. Ya puedo oir su voz...
-Edward...-se me cortó la voz, los Vulturis ya estaban apareciendo por los costados de la plaza.
Corrí hacia su lado, hacia el lado de mi razón para vivir, y esta vez, también para morir.Le toqué la mano y él reaccionó a mi tacto cálido.

-Edward siento no haber llegado a tiempo- se me atragantó la voz imaginándome lo que le esperaba, lo que nos esperaba...- Soy yo, soy Bella. Y estoy viva, aquí, a tu lado. Deviste escucharme, no tendrías que haber salido a la luz...
Su rostro se corrompió en una serie de emociones que no logré comprender y, en medio de Volterra, en una plaza de la ciudad italiana, por un momento no me importó lo que me ocurriera, no si estaba a su lado. Rocé con mi mano el rostro de Edward, desdibujado por la pena, el horror y la angustia. Él me estrechó fuerte entre sus brazos y yo le apreté junto a mi con todas mis fuerzas.
-Te quiero, Bella- dijo con voz ahogada- Para siempre.
-Te quiero- le respondí hundiendo mi cara en su pecho, no había tiempo para disculpas, solo para lo que de verdad importaba- Para siempre y mucho más.
Y entonces, todo fue oscuridad. Lo último que escuché fue el grito de horror desgarrador de Alice, escondida entre las sombras. Lo último que noté fueron los colmillos de alguno de los Vulturis rasgando la piel de mi cuello. Y lo último que sentí, fue el abrazo y la eterna unión entre Edward y yo.



