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sábado, 14 de febrero de 2009

Hipótesis fantástica: ¿Qué pasaría si mi personaje se encontrara con...VICTORIA (la vampira que quiere matarla) cuando alguien rasga su ventana?

BELLA:


Las rasgadas en mi ventana no cesaron cuando me desperté. Una silueta que la oscuridad de la noche ocultaba luchaba por entrar.

Victoria.

Venía para matarme y yo estaba perdida. Era consciente de que Charlie, mi padre, dormía en la habitación de al lado, y no quería que muriera por intentar salvarme si se despertaba, sabía con la suficiente exactitud que fracasaría.

No quería chillar para no despertarle, pero tampoco hubiera podido. Sentía la boca arenosa y un nuedo permanente en la garganta. Me levanté de la cama y me quedé helada frente a la silueta que rasgaba la ventana desde fuera sin parar. Pensé en esconderme, en salir corriendo, pero de nada serviría con Victoria. Ella era el gato y yo el ratón acorralado sin poder escapar. Se oyó un ruido sordo y fijé mi vista en la manecilla de la ventana. Mis pies se clavaron en el suelo inmobiles. La manecilla giraba lentamente, unos ojos brillaban de un color rojo al otro lado el cristal."Iré con ella si me lo pide" pensé.


La ventana se abrió despacio dejando entrar una bocanada del aire helado de la noche. La cabeza de Victoria se asomó a mi habtación, con una ancha sonrisa en la cara.


-Por fin nos vemos, Bella- me dijo entrando del todo en mi habitación.


Se sentó en mi cama y cruzó las piernas, aquella sonrisa amable aún en su rostro. Su larga melena de rizos pelirojos caía en cascada hasta al final de su espalda, y su cara aún mostraba esas facciones salvajes que recordaba a la perfección.


-Pareces asustada- dijo mirándome a los ojos-... Aunque supongo que deberías estarlo.


La sonrisa se desvaneció rapidamente de su cara y tuve que acordarme de respirar.


-Edward no podrá protegerte ahora, ni oponerse contra alguien que quiera matarte, Bella. No podrá matar a quien intente acabar contigo- percibí una mueca de dolor mientras recordaba a su pareja, James. Pero esa mueca de dolor desapareció dando paso a un rostro sereno, pensativo- Tienes una casa muy maja, aunque, huele fatal... Huele- su cara hizo un mohín arrugando la nariz, sus ojos reflejaban su miedo interior, aunque su cara seguía con los labios curvados hacia un lado- ...a perro.


¿A que venía eso? ¿Mi casa oliendo a perro? Las únicas personas que habíamos estado en mi casa hacia mucho tiempo eramos solo Charlie y yo. Bueno, y Jacob, por supuesto. Cuanto les iba a hechar de menos... Mis ojos recorrieron la habitación hasta fijarse otra vez en los ojos fieros de Victoria, con el miedo ahora dibujado en la cara también.


-No puede ser...- dijo.


Entonces, un lobo aulló justo en el bosque del lado de mi casa y Victoria se volvió hacia la ventana.


-Ese amigo tuyo...-dijo con la voz quebrada- No puede ser...- repitió.


Otro aullido, esta vez más cerca, casi debajo de mi ventana. Y todo pasó muy rápido. Victoria se esfumó por la ventana abierta cayendo en la hierba con un ruido casi inaudible y me asomé aterrorizada por los aullidos y la escena que acababa de vivir. Victoria desaparecía por el lado opuesto del bosque mientras un lobo de pelaje rojizo con una mirada extrañamente familiar la perseguía ágilmente profiriendo un gruñido.